sábado, 29 de septiembre de 2012

Ensayo - Betzabeth Fuentes

ENSAYO: ÉTICA PARA AMADOR, FERNANDO SAVATER



El hombre, el ser humano que se caracteriza por ser intrínsecamente biológico al igual que los animales, sin embargo, se diferencia de éstos últimos por su capacidad de abstracción, de razonamiento y de discernir bajo su libertad lo que es conveniente o no. Como el ser humano es un ser social – está humanizado – se compone de una serie de comportamientos que puede estar influenciados por una orden, rutina o un simple capricho. Y aquí va el meollo del asunto, la capacidad de razonar si lo que escogió por hacer es congruente con lo que desea para su vida.

La ética se encarga del estudio racional de; la moral, virtud, deber, felicidad y  – de lo que trata el texto – de la libertad y buen vivir. Pero, la ética según Savater es definida como el arte de vivir, pero ¿cómo se debe vivir? ¿Buen vivir o vivir bien?

Para un vivir bien o darse la buena vida hay que hacer uso de la propia libertad o sea, hay que decidir y darse cuenta que se está decidiendo. Pero ¿Somos todos realmente libres, capaces de tener consciencia y ser responsable de los propios actos? Todos tenemos esa capacidad de abstracción, es más la sociedad vive en libertad pero, en una libertad restringida, es decir, que es capaz de decidir por lo que encuentra moralmente correcto, pero es dependientes o limitado por algo o alguien.

El hombre como ser social requiere del trato humanizado del otro, el hombre como ser social no puede aislarse y ser ermitaño, porque va en sí el generar relaciones interpersonales o sea, cada uno de nosotros es dependiente del otro por lo que su libertad llegará hasta que no sobrepase a la de otra persona. Su libertad se basa en el apego, necesidad de los demás. “Es la debilidad del hombre lo que le hace sociable; son nuestras comunes miserias las que inclinan nuestros corazones a la humanidad; si no fuésemos hombres, no le deberíamos nada. Todo apego es un signo de insuficiencia: si cada uno de nosotros no tuviese ninguna necesidad de los demás, ni siquiera pensaría en unirse a ellos...” (Jean-Jacques Rousseau, Emilio)[1]

La mayor complejidad es que las personas no son cosas, somos personas capaces de sentir, pensar y decidir. Si las personas fuésemos utensilios, con lo que las cosas pueden darnos nos bastaría. Pero esto no es así, no somos objetos por lo que necesitamos de “cosas” que éstos no tienen. Por lo mismo, cuando se trata a las personas como objetos se reciben cosas de ellas. Un ejemplo práctico de esto es cuando se trata a la persona como si fuera una enfermedad y no un ser que tiene nombre y apellido, lo único que se recibe es la recompensa del dinero.

Recuerdo mi infancia con falta de relación/apego con mi madre por sus extensas horas de trabajo y viaje para llegar a casa. Recuerdo que cuando sucedía algo importante en mi vida o algo con mérito a ser relatado por una infante a quién recurría era a mi padre porque, era quién cumplía con un doble rol – no solo era padre sino que, también fue como una mamá – en esos entonces, mi madre se veía afectada porque yo no la trataba como una real madre sino como, una mujer que existía y ayudaba a mantenerme satisfecha. Hoy en día, comprendo que sí hizo falta de su presencia, del afecto y cariño. Hoy en día, me doy cuenta que somos dependiente del otro.

Si incurrimos en una relación deshumanizada durante el desarrollo de la vida – cualquier sea su ámbito – no se está ejerciendo un vivir bien. En consecuencia, es importante que se establezcan relaciones interpersonales y se sea consciente de quién es él otro. Por ejemplo, en el área práctica profesional que se identifique a la persona por nombre  por nombre y apellido, que se sea empático y uno sea capaz de ser justo con cada persona. Vivir bien está sustentado por ser humano, lo que conlleva la felicidad. “Y así, nada es más útil al hombre que el hombre; quiero decir que nada pueden desear los hombres que sea mejor para la conservación de su ser que el concordar todos en todas las cosas, de suerte que las almas de todos formen como un sola alma, y sus cuerpos como un solo cuerpo, esforzándose todos  la vez, cuanto puedan, en conservar su ser, y buscando todos a una la común utilidad, de donde se sigue que los hombres que se guían por la razón, es decir, los hombres que buscan su utilidad bajo la guía de la razón, no apetecen para sí nada que no deseen para los demás hombres, y, por ello, son justos, dignos de confianza y honestos.” (Spinoza, Ética)[2]

Nosotros, los seres humanos, nos caracterizamos por tener un motivo – razón para hacer algo – para actuar pero, se pueden clasificar en órdenes – te mando a hacer esto… –  en los que se repiten casi sin pensar, o porque es un comportamiento habitual en los demás, costumbres, y por último el capricho que es, el que apetece en cierto momento. Las órdenes y costumbres tienen una fuerza en común, vienen de fuera y se imponen sin permiso.

La libertad va en escoger si obedecer o no una orden, si hacer algo o no por costumbre o por cultura, no obstante, el dilema es ¿qué pasa si no lo hago? ¿Qué sucederá si no obedezco la orden de un superior? ¿Qué es lo que sucede si se desobedece? Es aquí cuando la libertad está limitada por factores externos por ejemplo, por el miedo al castigo.

Durante Alemania Nazi o más pronto a la realidad de nuestra nación durante el proceso de dictadura con A. Pinochet se realizaron órdenes moralmente incorrectas, más de un soldado debió pensar en su familia o hijos mientras asesinaba a esas personas, hacía consciente el acto en el que él concurría, sin embargo, eso no fue suficiente para que dejara de hacerlo, siendo correcta o no la orden la realizó igual porque, podría tener miedo a la consecuencia de su desobediencia, no escogió por ser libre sino por lo que le podría suceder.

Si sigo con el mismo ejemplo, esa persona es posible que al día siguiente tuviese remordimientos, sentimientos de culpabilidad que provienen de la libertad según Savater. Somos esclavos de las circunstancias cuando nuestros actos no son precisamente gloriosos. Tomarse enserio la libertad, es ser responsable del propio acaecer.  Lo serio de la libertad es que tiene efectos indudables, que no se pueden borrar a conveniencia una vez producidos. Es entonces aquí, cuando nuevamente nuestra libertad se ve atada por el remordimiento, por el “media culpa”.

En este contexto se emplea la palabra responsabilidad, quién es sabio de emplear su libertad siempre estará dispuesto a responder de sus actos. Creo que, este es un concepto fundamental para el vivir bien y más aún para la vida en sí.

La responsabilidad debería ser un valor que se deba ejercer en todo momento, en el diario vivir, es decir, desde mis actividades rutinarias, universitarias hasta mí ejercer profesional. Por ejemplo, sería moralmente malo que no me hiciera responsable de una falta o un error durante la práctica profesional. No estaría ejerciendo de una forma constante la libertad, por lo tanto, tampoco un vivir bien.

La ética, el arte de vivir, para Fernando Savater se basaba en el lograr vivir bien por medio de la libertad, el humanismo, respeto, responsabilidad, consciencia, un sinfín de conceptos que describe a lo largo del libro. Sin embargo, a mi parecer la libertad en algunas ocasiones se ve coartada por factores extrínsecos.

No obstante, lo interesante aquí es el discutir como llegar a vivir moralmente bien por medio de las acciones y pensamientos que se tienen. Para esto destaco algunas cosas: tratar al otro como una persona, respeto, responsabilidad, consciencia, amor y felicidad. Creo que son conceptos claves que nos llevarán a tener un vivir bien, por el hecho, de que tú y yo somos un ser social que depende de valores, ideales y de otro que le de afecto, cariño o amistad. Conceptos claves que equidistarán para lograr la felicidad.

Alguien se preguntará ¿y cómo lo llevo a la praxis? Bueno pues, creo que tratando con amor y respeto a las personas es tener un trato humanizado. Ser consciente de mis propios actos y responsables de ellos en todo momento, pensar antes de actuar y hablar. Creo que a nadie le gustaría ser discriminado por su forma de ser, por su color, por su orientación sexual, ni modo por cualquier cosa que sea parte de uno. Creo que no puedo ser intolerante con el otro porque yo tengo mis diferencias y el otro las suyas por lo mismo hay que respetarlas y tolerarlas para así vivir en armonía. Creo que a nadie le gustaría que lo utilizaran con un fin y después sea desechado como una cosa por lo mismo, es bueno que los lazos afectivos entre personas existan y sean aplicados. Creo que hay que ser consciente de nuestros actos por algo, nos diferenciamos de los animales que sólo actúan por instintos. “…Precisamente la ética lo que intenta es averiguar en qué consiste en el fondo, más allá de lo que nos cuentan o de lo que vemos en los anuncias de la tele, esa dichosa buena vida que nos gustaría pegarnos. A estas alturas ya sabemos que ninguna buena vida puede prescindir de la cosas pero aun menos puede pasarse de personas. A las cosas hay que manejarlas como a cosas y a las personas hay que tratarlas como personas: de este modo las cosas nos ayudarán en mucho aspectos y las personas en uno fundamental, que ninguna cosa puede suplir, el de ser humanos…” (Savater, Ética para Amador)[3]

Cosas simples con valores mínimos llevan a la felicidad y ayudan en cierto modo  a ejercer nuestra libertad.




[1] Savater,F., Ética para Amador, Ed. Ariel, pag. 89
[2] Savater,F., Ética para Amador, Ed. Ariel, pag. 89-90
[3] Savater,F., Ética para Amador, Ed. Ariel, pag. 86

Ensayo - Jocelyn Milla

ENSAYO: SÍNTESIS Y ANÁLISIS DEL LIBRO "ÉTICA PARA AMADOR" DE FERNANDO SAVATER


INTRODUCCIÓN

La comunicación entre las personas es un instrumento que sirve para favorecer la relación entre ellas; en el caso de la relación paciente-enfermero(a) es una herramienta básica, sobre todo en los cuidados paliativos. Pero como todas las herramientas tienen unas instrucciones de manejo: ¿estamos seguros de saber manejar los instrumentos que utilizamos?, ¿sabemos sacarles el máximo partido?

En la Teoría de la Comunicación Humana para demostrar que, además de la intuición que permite el bien hacer, en la comunicación hay un modo de hacer que se aprende y se mejora, que ayuda a prevenir situaciones desapacibles y que contribuye a aumentar la calidad de la relación entre las personas; la principal barrera que se opone a la comunicación interpersonal es nuestra tendencia espontánea a juzgar, evaluar, aprobar o reprobar las afirmaciones de la otra persona o del otro grupo. Esta necesidad de regular la convivencia hace que esté presente la ética, que por definición es el conjunto de normas morales que rigen la conducta humana, conducta que supone la libertad del individuo como principal herramienta en su desarrollo como persona. Sólo de esta manera, la ética es el elemento cierto para fijar directrices desde el momento que el Ser Humano tiene la capacidad de elegir.

Si bien la tendencia a hacer evaluaciones es común en cualquier interacción verbal, ésta se ve muy favorecida por las situaciones que entrañan un compromiso emocional; por esa razón, cuanto más intensos sean nuestros sentimientos, más se reducen las posibilidades de comunicación mutua. Sólo podremos escuchar comprensivamente si nos ponemos en condiciones de evitar la evaluación y de verificar una comunicación real, es decir, captar las actitudes e ideas del otro desde su punto de vista.
Ética para Amador nos muestra de manera didáctica y entretenida, pero por ello no menos importante, el uso y aplicación de la ética para quienes sentimos la necesidad de comunicarnos.

SÍNTESIS

Fernando Savater nos relata cómo le enseña a su hijo por medio de varios ejemplos a ser mejor persona, por medio de lo que nos conviene y lo que no. El ser humano es el único que comete el mismo error repetidamente y en este libro se marca la importancia de la ética por sobre todos los otros conocimientos diciendo que “uno no puede vivir sin conocer y diferenciar el bien y el mal; es algo imprescindible”. Así también plantea los cuestionamientos que lleva ese conocimiento: ¿Por qué lo que para unos resulta bueno, para otros es malo?; los seres humanos no están programados para hacer todos lo mismo, no como en el resto de la naturaleza donde cada ser cumple su función. Cada persona tiene puntos de vista diferentes sobre la vida y esto se debe a la libertad que cada uno tiene; por esto se distingue el hombre de los animales. No somos libres de elegir lo que nos pasa, sino para responder a ello y de allí que nazcan los motivos, que es la razón que se tiene o al menos se cree tener para hacer algo. Dentro de éstos, se encuentran las órdenes, las costumbres y los caprichos, en donde cada uno de estos motivos aparece bajo una circunstancia a la que respondes según sea la situación; este es el caso del capricho en donde lo que determines está inspirado por un antojo (fuerza interna), por otro lado, las órdenes y las costumbres tienen la particularidad de ser motivos externos (son impuestos).

Es así como surge el dilema, cuando te expones a una circunstancia en donde tu actuar no depende de las motivaciones relacionadas con órdenes, costumbres o caprichos y es aquí donde el concepto de libertad cobra sentido, la cual, según el autor, tiene que ver con la toma de decisión y de cómo esa toma de decisiones conlleva una reflexión desde donde saldrá la responsabilidad de decir “si” o “no”, preguntándote además, ¿Por qué hago esto?, ¿Por qué obedezco lo que me mandan?. En ocasiones los seres humanos desean cosas contradictorias que entran en conflicto unas con otras; es importante ser capaz de establecer prioridades y de imponer una jerarquía entre lo que se quiere más temprano que tarde y en el fondo lo que se desea en forma definitiva y cierta. Por otro lado, “hacer lo que queramos” significa plantearte todo desde ti mismo, desde el interior de tu voluntad, preguntarte a ti mismo; es interrogarse uno mismo sobre el uso de su libertad, la libertad misma y de qué consecuencias puede conllevar hacer lo que se quiere sin un pensar.

El hacer lo que verdaderamente nos hace bien no es lo que nos apetece en el momento si no que debemos discriminar en el largo plazo; cuando estamos obsesionados por las cosas materiales nos perdemos y no nos damos cuenta que lo que de verdad cuenta en esta vida es el factor humano para lograr la felicidad. Lo indispensable para darse "la buena vida" es sentirnos bien con nosotros mismos y con un otro.

El autor describe la imbecilidad éticamente, agregando que la forma de apartarse de esta característica es teniendo conciencia; dice además que los egoístas no son imbéciles y son los que quieren lo mejor para ellos mismos sin pensar en los demás, de allí nacen los remordimientos al estar descontentos con ellos mismos, es decir, hacen mal uso de su libertad. A la ética lo que le interesa es la vida humana, el saber que sólo entre dos hombres puede haber conversaciones, discusiones, etc.

Debemos dar buen ejemplo y debemos también tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros; si hacemos el mal a los demás nos lo hacemos también a nosotros mismos. Antes de hacer algo a alguien debemos ponernos en su lugar y ver cómo nos afectaría, debemos intentar amar a los seres humanos de modo de vivir una buena vida.

Se piensa en el sexo como una cosa obscena e inmoral pero debemos saber que no es así, que es algo natural y que no debemos tener pudor al hablar de ello; pero lo que los puritanos no saben es que el placer en el sexo, la sensualidad, es algo exclusivo de los humanos, los animales lo realizan sólo para procrear. Hay una gran diferencia entre el uso y el abuso del placer; si se abusa de un placer que es bueno, se puede convertir en algo no tan bueno si te conviertes dependiente de él.

Ética y política se relacionan, puesto que ambas se ocupan de querer hace lo correcto hacia los demás, o hacer lo correcto y bueno para la sociedad. «El objetivo de la política es el de organizar lo mejor posible la convivencia social, de modo que cada cual pueda elegir lo que le conviene», de modo que una de las exigencias éticas es no desentenderse de la política. La diferencia fundamental entre ética y política es que mientras que a ésta le interesan sólo los resultados externos, independientemente de la «rectitud interior», a la ética le interesa más esta segunda. No se debe esperar de la política un directo mejoramiento moral de las personas.

Finalmente, el autor insta a vivir la vida a través de lo que creamos es o no correcto, según nuestra propia conciencia, decisiones, reflexiones y a entender la ética desde nuestra perspectiva intentando buscar una “buena vida humana”.

ANÁLISIS

A través de la obra de Savater, que bien puede ser aplicada como texto o trabajo de investigación en cualquier carrera universitaria o superior, nos presenta en una primera lectura un texto filosófico sencillo, si pensamos que fue dedicado a su hijo Amador, en ese momento de quince años de edad, es decir, en período de plena “adolescencia”, instancia tal vez oportuna para integrar en su persona lineamientos para su vida.

Ya en una segunda lectura y por supuesto más reflexiva, iba con el correr de los capítulos integrando de manera sutil términos y experiencias ya vividas por nosotros no sólo como estudiantes, sino en la vida misma y que gracias a la formación académica integral obtenida nos parece conocida y luego ya vivida.

La ética en el desarrollo de mi carrera y en mi propia existencia ha presentado un gran desafío, lograr simultáneamente el bien del que actúa, el bien de la sociedad y aportar al incremento y bienestar de los pacientes como al propio. La ética, como saber práctico, debe dirigir la acción humana, en este caso la acción científico-tecnológica hacia la consecución de este fin.

Nuestra carrera debe tener particular interés en la formación ética de los alumnos, futuros profesionales, ya que continuamente seremos sometidos a situaciones que reclamen una postura y opción ética que exige algo más que el ejercicio de una "ética espontánea o innata" que permanezca en hermosos razonamientos pero ausente de una práctica concreta. Para lograr una formación ética sólida y para un mejor ejercicio de mi profesión, sin duda, la ética debe estar contemplada en nuestra malla curricular, de tal forma que cruce no sólo verticalmente sino que transversalmente todos los niveles de formación, teniendo en consideración la necesaria actualización durante el desempeño laboral.

Son varias las corrientes éticas ofrecidas en nuestro entorno; es preciso entonces detenerse, y a la luz de la razón y de los ideales de personas que queremos ser, aprehender aquella ética que verdaderamente responda al bien de la persona que actúa, bien que es posible sólo al procurar el bien del otro en todo su ciclo vital y bajo todas las circunstancias, experiencia que vivimos el día a día en nuestro desarrollo universitario.

Pero el "bien del otro" es posible reconocerlo sólo si se conoce quién es la persona humana y para descubrir aquello tan esencial es preciso conocer al paciente, como ejercicio diario en la carrera, dedicarle el tiempo suficiente para llegar a conocer sus expectativas, hacerlo sentir que tiene a su lado una persona que dedicará tiempo en su tratamiento y mejoría; ello favorece una práctica más humana en el área de la salud.

Sólo luego de descubrir el saber ético como algo bueno y esencial en el desempeño profesional, que aporta calidad en la atención, respuesta a diversas expectativas personales y comunitarias, relaciones interpersonales satisfactorias, es que ponemos en marcha la intención y el deseo para alcanzar y vivir los valores e ideales éticos a los que se compromete la profesión. En otras palabras, al descubrir el atractivo del obrar ético, en cuanto perfecciona el ser, haciéndolo más feliz, resulta natural y espontáneo buscarlo, identificarlo y ejecutarlo.

A modo de experiencia personal relacionada con el contenido del libro, pese a que la visión actual de la política chilena está sucia y empobrecida, visión que compartía de manera generalizada antes de la lectura de este libro, ahora puedo decir con mayor propiedad, en base a lo expuesto entre política y ética durante el texto, que pese a existir aspectos y procederes erróneos en el ámbito de la política chilena no se debe juzgar a todos por igual ya que cada individuo involucrado posee valores y realiza actos distintos y, por ello, generalizar sería una falacia. Por eso, luego de realizar una fuerte introspección, he decidido votar en las próximas municipales, ya que antes no me planteaba la idea de ir a sufragar; además, así también hago uso real de mi libertad de expresión que antes no valoraba del todo. En vista de lo mencionado anteriormente, es necesario tener en consideración que existe la tendencia a detenerse, juzgar y reflexionar frente a situaciones de transgresión a la ética particularmente extremas que son evidenciadas generalmente a través de los medios de comunicación que, si bien ocurren cada día con mayor frecuencia, distraen la atención de las exigencias éticas cotidianas, que son de vital importancia para el fortalecimiento de las bases éticas personales y profesionales.

Por último, toda persona humana goza de una dignidad que le es intrínseca, la dignidad ontológica, independiente de factores circunstanciales como raza, estado de salud, posición social, nivel intelectual, entre otros, que obliga a los profesionales de la salud, sin exclusión, a tratarlos como seres humanos.

CONCLUSIÓN

Dentro del análisis de la obra, quise dar un aspecto general a la obra en cuestión, no aportando necesariamente o mayoritariamente con ejemplos de la vida diaria, ejemplos que darían para un ensayo más extenso, sino mostrar de forma particular el rol que jugamos dentro de la sociedad y como lo enfrentamos con altura de mira, aplicando naturalmente la esencia del libro presentado. La ética la aplicamos en el diario vivir, no sólo dentro de los estudios y luego en el ejercicio de la profesión, sino en la vida misma, formación proveniente del hogar como base de la formación, valga la redundancia, y luego como continuación en el área académica universitaria.

Los valores ético-morales constituyen un elemento de protección de los derechos del individuo; en enfermería estas bases protegen tanto a los pacientes como al enfermero(a). La ética gobierna la conducta, implica lo que es bueno y lo que es malo, lo que es una responsabilidad moral y una obligación; de allí que para lograr un desempeño exitoso como profesional de enfermería nos comprometemos a tener un perfil ético-moral.

Debemos ser conocedores de los fundamentos de la ética y aplicarlos en la actividad diaria para así lograr cumplir con un liderazgo como profesional y estar en concordancia con nuestros compañeros de trabajo, ya que de todos depende nuestro profesionalismo. 

La práctica de los valores éticos y morales significa para nosotros y los demás profesionales del área de la salud no solo procurar la perfección en cada acto técnico de calidad en beneficio del paciente sino también en cada intervención actuar con la máxima humanidad posible transmitiendo amor sincero, alegría, empatía y compromiso hacia nuestros pacientes. De este modo, la ética y la moral influyen en el proceso creado para controlar, manejar, planificar, diagnosticar, organizar principios de autoridad y responsabilidad para comprender la autonomía del paciente que se encuentra a nuestro cargo. Uno de los valores éticos importantes en enfermería es la comunicación y el respeto como elementos que permiten el correcto desempeño de la profesión.

Así mismo, pongo énfasis en el rol del profesional de enfermería en la utilización y desempeño dentro del ámbito de la profesión tomando en cuenta los valores y principios éticos y bioéticos para prestar un mejor servicio al paciente.